Escrito en
la arena
estaba,
el mismo
día que te
conocí
junto al
“Te
Quiero”
una rosa
roja
pusiste
para mi.
Dulcemente
susurraste
a mis
oídos
de tu amor
ya soy
preso,
no me
dejes
partir.
El sol, el
cielo y
las
estrellas
testigos
inexorables
de
nuestros
deseos
fuimos dos
cuerpos
amantes,
cual
encuentro
nos marcó
más allá
del
universo.
La
tormenta
se
avecina,
gritamos...
y corrimos
tomados de
la mano.
Las olas
salpicaban
ese mar
embravecido
la arena
volaba,
frágil,
sin
sentido
y el “Te
Quiero” se
esfumó en
un
suspiro.