Un día en la vida del escultor

Bryan Rowll es un artista argentino dedicado a la escultura en acero y en arena. Alejado del mundanal ruido prefiere vivir en su casa-taller rodeado de la naturaleza donde solo lo invadan el canto de los pájaros, el sol y el crujir de las hojas por le viento, un perfecto ambiente para crear y trabajar con el arte. Bryan se define como un gran escapista del régimen establecido en que los adultos quisieron guiarlo. Su relación con la alambre fue inicialmente con desconocimiento absoluto, pero el recuerda que vivía con su abuela quien era ortodoncista y que hacía aparatos y cosas feas con el alambre. Bryan comienza a generar formas manejando el alambre como un trozo de lápiz, pero en tres dimensiones. Inicialmente realizó cadenitas, bijouterie, pero como su trabajo con el alambre es bastante particular e inusual dándole valor a la forma, la cual le permite realizar piezas únicas, terminó dedicándose a la escultura. Las mismas son exhibidas al igual que las esculturas de arena en un predio al aire libre de mil metros donde hay en exposición más de 70 obras. Bryan nos dice que su obra de alambre va del interior a lo exterior, porque en el ejercicio manual propiamente dicho, el hilo de alambre entra por su mano izquierda y en su mano derecha tiene una herramienta que es una pinza curva o plana y le va dando forma, es decir por la mano derecha el alambre sale transformado. El inicio siempre es la punta del alambre con lo cual si le da dos dobleces y hace un cuadradito ya ese, es el inicio y a partir de allí va trabajando y así sucesivamente hasta encontrar la armonía en la pieza y a veces por estar al límite de la tolerancia del peso debe cortar y finalizar la pieza. Pero siempre es una línea continua y un desarrollo en expansión. El define que cuando comienza una obra es prácticamente impulsivo, ya que las piezas de alambre tienen una factura veloz, el las denomina “mis carajos”, porque puede estar charlando con una persona y al mismo tiempo generar la expresión de la pieza en sí, que no le llevará más de 15 minutos, después realizará la base de cemento donde apoyará su obra para ser exhibida. Define la relación con su obra casi sanguínea y carnal, totalmente incorporado a su vida ya que sus formas son abstractas, fluyen libremente y no tiene que prestar atención para hacer una forma de un ojo o un rostro. Con la arena de fundición lo figurativo toma mayor relevancia pero también fluye libremente. La arena de fundición es un material que encuentra en la calle, lo descubre, lo trabaja y lo incorpora en su vida y en su arte. Su forma de trabajar con este material es también casi impulsivo, sin teorías, donde nunca imagino llegar a realizar obras figurativas y piezas únicas. La arena de fundición al ser un proceso mucho más lento y de trabajo por horadamiento, si se excede no puede aplicar material nuevamente con lo cual debe trabajar con cuidado. En el ejercicio de la obra se hace más veloz, porque si se pasa, puede en mitad de camino cambiar el rumbo y transformar la obra porque nunca sabe lo que es la obra hasta estar terminada. Para que la escultura en arena perdure en el tiempo el último paso y acabado definitivo de la pieza es aplicarle laca poliuretánica.

Por último, Bryan nos dice que su deseo es trascender no en un billete, no en un busto ni en el nombre de una ciudad, sino trascender en la masa humana a través de su obra, transmitir su conocimiento a los adultos a los niños como lo hace en su taller, enseñado a veces a más de 40 niños y a todo aquel que se acerque hasta allí.
 


“Yo no conocí a Bryan Rowell, pero era escultor y tenía buenos trabajos”, con esa frase se despide de nosotros este artista bohemio y amante de la paz, la naturaleza y su arte.
Contacto 54 11 15 4036-2502 Kennedy 1963 – El Cazador, Escobar
Buenos Aires


Nora Lanzieri, Buenos Aires - Argentina

 
 

 

 

 

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